¡Va por ellas y por todas las mujeres!

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Como seguro que sabéis, cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. A pesar de los avances logrados, todavía queda mucho camino por recorrer en materia de igualdad. Desde Pinturas Blatem queremos aportar un granito de arena repasando los nombres de algunas profesionales que brillaron en su trabajo, pero que no fueron reconocidas como merecían por el absurdo condicionante de ser mujeres. Aunque esta injusticia es compartida por prácticamente todas las disciplinas, nosotros vamos a poner el acento en una que nos toca muy de cerca: la arquitectura.

Empezamos hablando de Matilde Ucelay Maórtua (1912-2008), quien no sólo fue la primera mujer titulada en arquitectura en España (1936), sino también pionera en desarrollar una carrera profesional plena. Eso sí, la coyuntura de sus inicios no le acompañó: debido a su filiación republicana, fue depurada y condenada a inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, así como también su profesión durante cinco años. Por ello, además, no pudo firmar sus primeros proyectos para clientes privados. No obstante, dificultades a un lado, Matilde se mantuvo fiel a su vocación y logró realizar más de 120 obras. Con todo, tras 40 años de trayectoria, fue reconocida con el Premio Nacional de Arquitectura en 2004.

Otro caso a destacar es el de la arquitecta y diseñadora francesa Charlotte Perriand (1903-1999). “Nosotros no bordamos cojines aquí” dicen que le respondió el afamado Le Corbusier cuando ella fue a su estudio a pedirle trabajo. Sin embargo, todo cambió con la celebración del Salón de Otoño de 1927, donde Charlotte presentó su Bar bajo el techo de cristal, un interior de vidrio, acero cromado y aluminio anodizado. Impresionado por el talento de esta joven, Le Corbusier le pidió perdón y le propuso una colaboración, la cual duró unos cinco años y dio lugar a tres de sus sillas más célebres: B301, B306 y LC2. Sin embargo, la trayectoria de Charlotte no quedó ahí: en 1940 viajó a Japón para asesorar a la oficina de comercio de dicho país. Así, el estallido de la Segunda Guerra Mundial la obligó a permanecer en Asia durante unos años, lo cual marcó fuertemente el estilo que desarrolló a su regreso en París, donde se consolidó como referente del movimiento moderno.

Por último, damos otro salto atrás en el tiempo hasta el siglo XIX, cuando nació Sophia Hayden Benett (1868-1953), quien fue la primera mujer en obtener el grado de arquitecto del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 1890. Al principio no encontró trabajo como tal por el mero hecho de ser una fémina, pero poco después decidió participar en el concurso para el Edificio de la Mujer en la World’s Columbian Exposition de Chicago en 1893. Sophia fue ganadora con su diseño, recibiendo mil dólares, es decir, la décima parte que un hombre. En cualquier caso, la construcción comenzó, aunque no llegó a buen término: Sophia manifestó su malestar por las continuas exigencias de cambios por parte del correspondiente comité y fue, incluso, expulsada del proyecto por ello. Además, todos los edificios de la feria fueron demolidos apenas dos años más tarde. La frustración de esta arquitecta al respecto de dichos acontecimientos fue tomada por algunos como una prueba de la incapacidad de las mujeres para el oficio. Con todo, Sophia decidió dejar de ejercer como arquitecta y pasó a dedicarse al arte.

¿Os han parecido interesantes estos perfiles? Hemos escogido sólo tres, pero son muchos los ejemplos existentes a lo largo de la historia en todos los ámbitos. Evitar que mujeres como Matilde, Charlotte y Sophia caigan en el olvido, así como que el mérito de presentes y futuras profesionales sea tan conocido como el de los hombres es una responsabilidad común. Porque la igualdad es cosa es cosa de todos ;)

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